Quisiera tener el léxico de un académico y el pulso de un artista para poder dibujar con palabras elegantes cada fragmento de paz que me regalas, cuando el aglomerado mundo de las maquinas nos es indiferente y lo único que importa es ese minúsculo momento en el que la nada se cruza con la conciencia para dar vida, cual madre cósmica, a aquella a quien de nuestro encuentro se hablará por generaciones.
La inspiración es mi mayor compañía, pues es ella quien simulando ser una entidad viviente esta ahí para mi, en mis momentos malos o mas relajados, y aquella que con diferencia me causa indiferencia e inconsciencia ante todo lo demás.
Quisiera ser un buen cantante para llenar de matices mis letras, para que esta infinita inspiración no se viera frenada por mi finita mente, para que fuera un fluvial que, alejado de todo humano, cumple con su recorrido siendo mas puro a cada segundo.
Vivo en la morada de los viajeros frívolos que, ante lo efímero nos quedamos rígidos y estupefactos cual buen lector cuando se cruza con el caos de una obra discreta.
Y disfruto, si, disfruto de cada hora eterna frente al poso séptico de atención el cual es el pizarrón, y ante el concreto violento que es cada momento de divagación, y soy doliente de cada pendiente en mi lista de sueños pero también soy masoquista post -moderno, pues sufro por lo que deseo.
Creo ferviente que estoy equivocado al creer el secreto de la felicidad, pero, al menos para el universo discreto que es mi mente, digo que la paz no es una linea de tiempo completa, esta se encuentra dividida en pequeños lugares y fragmentos de tiempo opacados por el caos de la existencia.
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